Prometeo liberado

Por Juan Mendoza

El artículo cuantifica el incremento en el bienestar resultante de la mayor longevidad y el mayor tiempo disponible para el ocio que los cambios tecnológicos generarán durante los próximos cincuenta años. Asimismo, se formula reflexiones sobre la posible evolución de la fertilidad, la heredabilidad y la distribución del ingreso.

1.   El aumento en la esperanza de vida

De acuerdo a las Naciones Unidas, la esperanza de vida en el Perú pasará de 73.2 años en el 2010 a 80.4 años en el 2060. Una multitud de avances técnicos posibilitarán un marcado aumento en la duración de la vida, así como mejoras sustantivas en el cuidado de la salud. Se podrá reemplazar órganos y cambiar la apariencia incluso a nivel genético. Avances en robótica permitirán que el grueso de los diagnósticos no sea realizado por humanos sino por robots, programas de diagnóstico o doctores virtuales a distancia, los que contarán con toda la información genética de la persona. Sistemas portátiles de resonancia magnética permitirán ver dentro de los órganos en tiempo real y un costo cercano a cero. La medicina preventiva reducirá el costo de la salud pues se podrá predecir la presencia de cánceres o alteraciones genéticas con años de anticipación. La vestimenta contendrá sensores para detectar variaciones en el ritmo cardiaco, la respiración o la actividad cerebral. Muchos procedimientos quirúrgicos, que hoy son de alto riesgo, ya no serán necesarios.

El marco analítico permite asignar un valor monetario a las ganancias en esperanza de vida que es probable se observarán hasta 2062. De acuerdo a estos resultados, las ganancias en la esperanza de vida tendrán un efecto significativo y creciente sobre el bienestar total. Así, por ejemplo, mientras que la proyección de la tasa de crecimiento del PBI per cápita es de 3.74%, la tasa de crecimiento anualizada del bienestar entre 2010 y 2050 sería de 4.5%. Asimismo, el valor monetizado de la esperanza de vida como proporción del ingreso per cápita pasará de 0.08 en el 2015 a 0.60 en el 2062. Finalmente, mientras que se estima que el ingreso per cápita sea de 17,500 dólares constantes de 2007 en el 2062, el valor del bienestar será de poco más de 28,000 dólares en ese mismo año.

2.   El aumento en el ocio

Otra consecuencia altamente probable del avance técnico de los siguientes años será que las personas contarán con mayor tiempo de ocio. En efecto, hay diversa evidencia que sugiere que el progreso tecnológico aumentará el bienestar debido al incremento en la productividad del tiempo asignado al trabajo. El desarrollo de la nanotecnología y de la tecnología de materiales básicos revolucionará la manufactura reduciendo drásticamente los costos de fabricación de cualquier producto. Es altamente probable que las teleconferencias sean sustituidas por telepresencias en tres dimensiones. Es posible, asimismo, que la realidad esté llena de imágenes virtuales. Estos desarrollos tecnológicos unidos a la ubiquidad de Internet harán posible la provisión virtual de muchos servicios laborales. Se podría, por ejemplo, ver la reconstrucción virtual de una ruina o un edificio destruido haciendo posible el crecimiento del turismo virtual.

Se estima que el mayor tiempo disponible para el ocio tendrá un valor en el 2062 equivalente a 7,900 dólares constantes del 2007. Así, el valor del ocio sería igual a aproximadamente 45% del ingreso per cápita de entonces. El resultado se obtiene pues la valoración del ocio es complementaria a la mayor valoración que el consumo tendrá en el futuro.

3.   Fertilidad y distribución del ingreso

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad los individuos más exitosos tenían un mayor número de descendientes. El emperador de la dinastía Ch`i vivía con miles de mujeres en su palacio. Se estima que 0.5 % de la población masculina mundial tiene un ancestro común alrededor del siglo XII o XIII —probablemente Genghis Khan, quien parece haber tenido al menos cientos de hijos en Asia y Europa— y que 20% de los hombres en Irlanda del Norte tienen un antepasado común alrededor del siglo V —probablemente el caudillo Niall—.

Una de las regularidades empíricas de los últimos dos siglos, agudizada en las décadas recientes, ha sido la caída secular en la tasa de fertilidad. Esta reducción en la fertilidad se inició y ha sido especialmente marcada entre las élites económicas y, en especial, entre las mujeres con mayores niveles de educación. En la mayoría de los países de Europa, en el Japón y en Corea del Sur la tasa de fertilidad ha caído por debajo del nivel de reemplazo estimada en 2.1 hijos por mujer.

El efecto negativo de la educación sobre la fertilidad se encuentra reforzado por la tendencia de las personas a conseguir parejas con niveles de educación similares, lo que puede dar lugar a la polarización en la distribución del ingreso. Si las habilidades productivas, que incluyen la educación, los buenos hábitos y diversos atributos innatos o adquiridos generadores de ingreso, se transmiten entre generaciones, es posible que se formen grupos de personas con características productivas similares. Más aún, si algunas de estas habilidades productivas —como la inteligencia o la habilidad innata— se transmiten genéticamente, es probable que la polarización en la distribución del ingreso también encuentre un correlato en la polarización en la distribución de estas habilidades.

En otras palabras si las personas con atributos generadores de ingreso superiores al promedio en una generación determinada tienen menores tasas de fertilidad, es posible que estos atributos sean más escasos en la siguiente generación.

“Diversa evidencia sugiere que el progreso tecnológico aumentará el bienestar debido al incremento en la productividad del tiempo asignado al trabajo”.

“Es altamente probable que las teleconferencias sean sustituidas por telepresencias en tres dimensiones. Es posible, asimismo, que la realidad esté llena de imágenes virtuales”.

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Juan Mendoza

Doctor en Economía por la Universidad de Brown y bachiller en Economía de la Universidad del Pacífico.

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